Vino una empresa queriendo una plataforma a medida para sustituir cinco herramientas. Presupuesto aprobado, dirección alineada, entusiasmo de verdad en la sala.
Dijimos que no.
No porque fuera imposible. Porque dentro de tres años serían dueños de un software, y nadie en ese edificio quiere ser dueño de un software.
La conversación giró sobre esto. Pregunté cuál de las cinco herramientas les bloqueaba. Respuesta: una, el sistema de presupuestos, al que no se puede llegar desde fuera de ninguna manera.
Luego pregunté cuánta frustración costaban las otras cuatro. Respuesta: poca, funcionan bastante bien, solo que no se hablan entre ellas.
Así que el proyecto nunca fue una plataforma. Era una herramienta que sustituir y una capa fina para mover datos entre el resto.
Esa versión llevó seis semanas en vez de nueve meses. Costó más o menos una quinta parte del plan original. Y cuando su proveedor de contabilidad publique una actualización el año que viene, el problema es del proveedor.
Perdí una factura grande por decir eso en voz alta. En el mismo trimestre llegaron dos referencias de ese cliente, que no era el plan pero suele ser como funciona esto.
Si estás a punto de encargar algo grande, hazle una pregunta a tu proveedor. ¿Qué me dirías que no construyera?
Quien conteste que nada está vendiendo. Los útiles tienen una lista, y te la dan antes de que firmes.
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