La semana pasada un cliente me enseñó una hoja de cálculo. Catorce pestañas, con colores, la verdad es que impresionaba.
Su responsable financiera la montó en una tarde de 2021. Hoy gestiona los pagos a proveedores de una empresa de 80 personas.
Pregunté qué pasaría si ella se fuera. Silencio largo. Luego: estaríamos en un problema serio unos cuatro meses.
Así que hice otra pregunta. ¿Cuánto de su semana se lleva esa hoja?
Alrededor del 40 %. Ella cobra 84.000 dólares. Pon 33.000 al año de un sueldo financiero senior en meter datos, cuadrar y perseguir aprobaciones por email.
Súmale las dos horas diarias de gente junior que genera alrededor y pasas de los cuarenta mil dólares. Por un archivo que nació como un favor a sí misma.
Esta es la parte que se escapa. La hoja no es el problema. Era la respuesta correcta en 2021, cuando la empresa tenía 25 personas y la alternativa era nada.
El problema es que nunca ascendió. El volumen creció, el archivo se quedó igual y todos se acostumbraron a pagar la diferencia en sueldo.
La estamos sustituyendo en cinco semanas. Ella se queda con las decisiones y revisa las excepciones cada mañana. Lo que se acaba es teclear.
Ve a buscar la hoja de cálculo de tu empresa. Todas tienen una. Y hazte dos preguntas: cuántas horas se come, y qué pasa si quien la montó dimite un lunes.
La segunda respuesta no te va a gustar. Esa es la parte útil.
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