La automatización para logística empieza por el presupuesto, porque ahí se decide si la carga es tuya. Una petición entra a las nueve, se valora a las cuatro, y para entonces el cliente ya tiene otros dos precios encima de la mesa.
Después llegan las llamadas de seguimiento. El cliente llama a la mesa para saber dónde va el envío, un operador abre el portal del transportista, copia la línea de tracking en un correo y repite lo mismo una hora más tarde.
La última hora del día es para el papeleo. Los conductores mandan los albaranes en foto a un grupo de WhatsApp, alguien guarda cada imagen con el nombre que se le ocurre, y la factura espera a que aparezca el archivo.