Automatizar facturas y cobros, del trabajo entregado al dinero en el banco
Automatizar facturas casi nunca va de la factura. Va de la semana que pasa hasta que alguien la emite, y de la segunda hasta que alguien reclama el cobro.
Automatizar los pedidos del correo al ERP hace falta porque cada cliente los manda como quiere. Una hoja de cálculo, la foto de un albarán, tres líneas en el cuerpo de un correo.
Dos personas abren adjuntos y teclean las líneas en el ERP. Cada pedido lleva ocho minutos cuando el formato es conocido y veinte cuando no lo es.
Se escriben mal referencias, se aplica un descuento de un acuerdo viejo, y llega una cantidad en cajas donde el sistema espera unidades. El almacén se entera después.
Un lunes cargado la cola llega hasta la tarde, así que las entregas se retrasan un día por motivos que el cliente nunca sabe.
El pedido llega a Gmail o a Microsoft 365 como siempre. Desde ahí un modelo de IA lee el adjunto, tenga la forma que tenga, y lo convierte en líneas estructuradas.
Construimos alrededor del ERP que tienes. Cambiarlo es otro proyecto, y preferimos decírtelo a vendértelo.
Lo que el sistema no tiene claro espera en una pantalla de revisión, con el documento original al lado de las líneas interpretadas. Aprobar lleva segundos, y la alternativa era teclear el pedido entero.
Los límites de crédito, la falta de stock y las cantidades raras siempre paran para una persona. Un pedido mal metido que llega al almacén cuesta más que uno que espera diez minutos.
Una tienda con este volumen de peticiones entrantes aparece en el caso Pepper.
Cuatro o cinco semanas es lo normal, y lo decide sobre todo el ERP. Una API moderna lo hace rápido, mientras que un sistema antiguo que exporta archivos pide otro camino y más pruebas.
Procesamos tres meses de pedidos antiguos en un entorno de pruebas y comparamos el resultado línea a línea con lo que metió tu equipo. La salida real llega después, como describe la sección de proceso.
La auditoría de IA y operaciones mira el volumen de pedidos, los formatos que recibes y lo que acepta tu ERP. Te llevas un plan priorizado en dos días laborables, con su importe descontado del primer proyecto.
Mándanos treinta pedidos reales de tus cinco clientes más incómodos y la documentación del ERP, si existe. Quien teclea hoy tiene que estar en la sala, porque conoce todas las excepciones, y la formación al equipo les deja al mando del flujo nuevo.
La construcción en sí es sistemas de automatización e IA.
Muchas veces sí, por los ficheros de importación que acepta o por conexión a la base de datos. Lo comprobamos en la auditoría y te lo decimos claro cuando la respuesta es no.
La medimos con tus tres meses de historial antes de salir, así ves la cifra real con tus formatos y no un número de folleto.
No, y esa es la gracia. Pedir a veinte clientes que usen un portal es un proyecto que fracasa en silencio, así que leemos lo que ya mandan.
El catálogo se lee de tu ERP, así que un cambio ahí llega solo. Los códigos propios de cada cliente viven en una tabla que tu equipo puede editar.
¿Otra cosa? Escribe a team@braveautomations.com y te contesta una persona, casi siempre el mismo día.
Automatizar facturas casi nunca va de la factura. Va de la semana que pasa hasta que alguien la emite, y de la segunda hasta que alguien reclama el cobro.
Automatizar el correo compensa cuando un buzón compartido guarda cuatro tipos de trabajo distintos. Pedidos, quejas y facturas llegan a la misma lista, ordenados por la hora a la que cayeron.
Automatizar informes elimina los dos días que alguien dedica cada mes a exportar, pegar y colorear celdas. El informe suele estar bien, y siempre llega tarde.
Noventa minutos con un consultor y, dos días después, un plan priorizado. Su importe se descuenta entero de tu primer proyecto.